Torontontoooon, Toronto, Torontontero, toro... pues hoy toca visitar la ciudad. Mi amigo Arturo me dejo en el metro más cercano con el coche, después de dejar a los enanos en el cole. Las distancias aquí son muy grandes, nos tiramos un buen rato en coche, pero a la gente parece que no le importa, parecen más relajados que en España.
El mito de que en Canadá hace frío... es cierto, la leche, la verdad es que estaba pelao, menos mal que iba equipado. Y encima me dicen que eso no es nada, que en invierno es, lógicamente, peor. Al llegar al metro ya vi cosillas típicamente americanas, como las bocas de agua para los bomberos, y además me compré mi primera comida americana... ¡un perrito caliente! Como siga así me voy a poner como una vaca.
Lo típico de por acá.
Llama la atención la mezcla de edificios nuevos y viejos (aunque aquí no hay nada más viejo de 150 años). También la mezcla de gente es muy interesante, hay de todo, sobre todo chinos, así que estaba como en casa. Lo que sí se nota es que hay que mirar mucho hacia arriba, los rascacielos son la pera, nada comparado con España, altísimos.
Rascacielos de TorontoCuriosamente, esperaba ver muchos coches americanos, pero casi todos son europeos (caros) o japoneses (casi todos). En la calle se ve todo tipo de gente y no escasean los "raros", no sé, gente que parece pobre o loca (la típica señora de los 100 gatos) aunque igual no son ni lo uno ni lo otro.
Un buen truco contra el frío es usar los "PATH", una especie de pasillos que van bajo tierra o elevados y que te permiten atravesar el centro de la ciudad en plan calentito, jeje. Lo malo es que eso lo descubrí a mi vuelta, cagontó.
La comida es barata. Por 3$ (2€ y pico) te coges un cacho de pizza (nada del otro mundo) y una coca cola. Los McDonalds están más baratos que en España y la gasolina a 0.70 € más o menos.
Al mediodía subí a la torre CN de Toronto, la más alta del mundo de este tipo (unos 500 metros de altura). Se veía toda la ciudad y el lago (que en realidad parece un mar de lo grande que es) que baña Toronto. Aquí lo tienen grande, yo creo que es un complejo o algo por otras cosas. En la parte de arriba había un suelo de cristal y podías ver hacia abajo en caída libre (no apto para gente con vértigo).

El chato en la torre CN de Toronto
Al final del día visité la catedral de St. James (de menos de 200 años, claro, todas estas cosas se nos quedan pequeñas a los europeos), el mercado de St. Andrews (donde le ponen tangas a las calabazas, jeje) y quedé con mis amigos Arturo y Carolyn, de los Pixelcorps. Por la calle estaba todo lleno de motivos de Halloween, calabazas, esqueletos. Aquí se están preparando para todo eso, aunque a mí me a pillar lejos de la ciudad. Yo me disfrazaré de chino maquiavélico, que ya tengo medio disfraz de serie.
Calabazas de algún canadiense con mala suerte en el amor.
Catedral de St. James
Calabazas con tanga... increíble.
Con Carolyn y Arturo, mis amigos de Pixelcorps.Ya sólo con Arturo nos fuimos al barrio chino a cenar en un restaurante vasco... ¿cómo va a ser vasco? ¡Allí sólo había restaurantes chinos! Ahí noté el ejemplo de la multiculturalidad de Canadá: las señales estaban en inglés ¡y en chino! Incluso los carteles de los bancos. Me dijeron que en el barrio griego pasaba igual (pero en riego claro). Es curioso. Imagínate poner carteles del Banco de Sabadell en catalán en Madrid... los apedrean.

El barrio chino-chan.Y eso es todo... mañana... ¡Niágara!